domingo, 27 de abril de 2008

La consecuencia

La consecuencia suele mencionarse como un adjetivo calificativo, como un principio bueno y admirable... pero, ¿Es realmente tan bueno ser consecuente? Una persona puede cambiar su forma de pensar con el pasar del tiempo y eso es aceptable y respetable; conforme cambia su forma de pensar, seguramente también cambia su forma de actuar. Los cambios, si bien, suelen no ser radicales, pueden serlo y, en caso de ser así, cambiarían radicalmente las formas de actuar y, obvio, las de pensar. ¿Sería ser inconsecuente eso?

He decidido eliminar la consecuencia como una virtud, dentro de mi sistema moral, porque en el fondo, no es más que la imperatividad de quedarse pegado en una forma de pensar o ver las cosas siendo, por lo tanto, inconsecuente con la forma actual. Recuerdo que, cuando estaba en el colegio, tenía una visión más bien pesimista de ver la realidad. Sin que llegase a ser un amargado social, sentía descontento con mi país, con las formas de administrar el poder por parte del gobierno, rechazaba el modelo patriarcal y clasista de la sociedad y varias otras cosas... sin embargo, el tiempo ha pasado y he crecido un poquito, he tenido más formación tanto académica como informal y mi forma de ver el mundo ha cambiado. Bastante. Al punto que, creo que el yo de hace unos años habría despreciado mucho al yo de hoy, claro que yo (de hoy) lo entendería, porque el yo (de antes) no tenía la preparación, la información ni las ideas más acabadas que hoy tengo. ¿Soy inconsecuente porque ya no pienso/digo/hago lo que mismo que hace unos años? Pienso que no. Soy súper consecuente con mis ideas. Hoy pienso de un modo y soy consecuente con eso; si mañana pienso de otro modo, seré consecuente con ese modo.

Quizá sea yo un inconsecuente técnicamente, pero si ese es el precio de ser honesto conmigo mismo, lo pagaré. No me interesa verme como un personaje estable ante un público que no tarda en arrojar escrutinios, me interesa poder dormir bien cada noche, sabiendo que actué de la forma que mis sentimientos me dijero que debía actuar. Si mañana soy Legionario de Cristo, procuraré ser el Legionario más fiel a la legión que hay; si pasado mañana soy Udi,
intentaré ser el más parecido a Jaime Guzmán, y; si al otro día decido ser Okupa, me esmeraré por ser el Okupa más genuino posible. ¿Seré inconsecuente? Ya creo yo que no. Si la consecuencia es una bola de hierro afirmada a mi tobillo con un grillete, reniego de la consecuencia: seré siempre un inconsecuente. Inconsecuente pero honesto.

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