viernes, 28 de marzo de 2008

El drama de los libros

Esta semana la estoy dedicando al reordenamiento de la pieza del computador, esto implicó alteración de disposición de muebles, pintar muros, barrer (mucho), pasar la aspiradora (mucho, también). Ya he hecho gran parte del trabajo, tanto así que me atrevo a aseverar que tengo un 84% de la misión concluida... pero me he encontrado con un problema metakinésico: los libros. No es que no tenga espacio para reordenarlos, pero me rehuso a hacerlo en el formato que antes estaban (en una repisa de 1.80). El motivo principal de mi negativa a repetir el patrón histórico de almacenaje de libros y hojas varias es que me consta empiricamente que esos libros jamás nadie los leerá. Tal vez, algunos, nadie nunca los leyó.
Ordenar libros no es en realidad un gran problema cuando uno piensa en escalas pequeñas, que no superan los cincuenta ejemplares... pero ese no es mi caso. Calculo que acá hay una cifra que excede la centena y media*. Personalmente, soy de la idea de deshacerme de todo... que se yo, donándolo a la biblioteca comunal o subir con todos ellos a un edificio en el centro y arrojárselos en la cabeza a los transeuntes; pero el drama no es que no tenga las agallas para hacer alguna de las opciones que se me ocurren, sino que la mayoría de los libros los ha comprado mi abuelo a lo largo de su vida... maldita sea, soy demasiado humano y no consigo dejar de ver la imagen de mi tata cuando joven, yendo a comprar un libro a la salida del trabajo, pensando en lo útil que sería para la formación de sus hijos y, quizá después, la de sus nietos. Entonces, al pensar en deshacerme de los libros, entro en un dilema terrible. Un dilema nada nuevo, por lo demás... un dilema entre pasión y razón.
Por un lado, está toda la carga emocional que tienen esos libros, obtenidos con el pasar de los años por mi abuelo, que los vio como una inteligente inversión; por otro lado, se que jamás nadie los tomará, las enciclopedias de ninguna duda sacarán ya a alguien acá: hay internet. La recreación tampoco nadie se la encomendará a los títulos que acá hay: nadie tiene tiempo ni interés en leer Crimen y castigo o Conceptos de Derecho (de 1968).
Al choque conceptual interno, tengo que sumarle además el choque conceptual externo, que involucra a mi mamá como agente potencialmente neutro pero que, después de todo, es la hija de mi abuelo y su pasión opera (en este caso) más que su razón y, por supuesto, mi tata mismo, que... no sé como reaccionaría si le digo que me desharé de todos los libros que el ha tardado tanto en recolectar... igual, capaz que tan mal no reaccione, después de todo, que nadie (ni el) pesca los libros es un hecho indesmentible; de todos modos, encuentro más posible que reaccione de manera triste y abatida, que hará que me quebre por completo, no me deshaga de nada e, incluso quizá, me motive a intentar leer las más de 50.000* páginas que deben haber en total.

¿Que salida airosa tengo? de verdad, no sé. Por lo pronto, los libros están en un mueble de 80cm*, una cajonera de 1.5m* y dentro de cajas y guardados en un closet... si no me decido pronto, quizá se queden ahí hasta que haya un incendio, entre un ladron ansioso de aprender y se lleve todos los libros, mi tata se haga pokemón y los bote todos él mismo, por que pensará que son inútiles, se los coman las polillas, el calentamiento global congele Santiago y tengamos que usarlos para hacer fuego... o que se yo.

* datos aproximados. Todos obtenidos sólo al ojo.

1 comentarios:

Signalsoucoupe dijo...

Nunca botes un libro, por último véndelo, aunque ni eso, son el mejor accesorio para una pieza ya que te dan la visión de intelectualrs ashí shúper crítico junto con darte la oportunidad de conocer mundos nuevos aunque dentro sus páginas siga siendo 1960 XD

Saludos caballero de la orden ciclista de Santiago Sur, nos estamos encontrando en alguna ocasión!